La lactancia reparte estímulos a los labios, la lengua, las fosas nasales, los músculos alrededor de la boca y la articulación de la mandíbula con el cráneo del bebé. Influye en el crecimiento y desarrollo del tercio inferior de su cara, la cavidad oral, las vías nasales y respiratorias, la fonación, la masticación y la deglución.

El instinto o reflejo de succión está con nosotros desde el útero materno. Las ecografías prenatales ya muestran al feto chupándose un dedo: es un reflejo necesario para que se alimente tras el parto
https://www.researchgate.net/publication/311843960_A_Study_to_Assess_the_Sucking_Reflex_of_Neonates_Born_at_Selected_Hospitals

Todo son ventajas: la leche materna es el alimento ideal durante los primeros seis meses de vida
https://www.who.int/es/health-topics/breastfeeding#tab=tab_1

Eficaz y barato, tiene la temperatura adecuada, carece de gérmenes y siempre está disponible. Sus propiedades nutritivas e inmunológicas evitan enfermedades infecciosas durante los primeros años de vida, lo que disminuye la mortalidad infantil.

Se puede decir que la lactancia materna, además de proporcionar beneficios nutritivos, inmunológicos y emocionales, es el primer aparato de ortodoncia.

El avance natural de la mandíbula mejora la relación entre los huesos maxilares, y la lengua se ejercita para adoptar una posición correcta. Esto previene del desarrollo de maloclusiones y la consecuente falta de espacio futura para los dientes.

El amamantamiento es fundamental para instaurar una respiración nasal efectiva, con el consiguiente buen desarrollo de los músculos y la deglución. Así se evitarán tratamientos posteriores de ortodoncia, cirugía, logopedia, psicología, etc.

Fuente: Maitena Urberuaga Erce
Prof. asociada Grado Odontología, Universidad del País Vasco
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